“Yo también culpo a Iker Casillas de mis expectativas en cuanto a besos inesperados”. Tanto éste hecho espontáneo de la final del mundial, como miles de películas, series y libros sobre el amor verdadero y alocado, no hacen más que ampliar las expectaciones de los millones de lectores y teleespectadores que anhelan vivir un romance de película.
Mientras cada cartelera anuncia un nuevo filme y los grandes almacenes una nueva novela, aumentan las mujeres que buscan en la calle los ojos de Paul Varjak o Jack Dawson al puro estilo de Desayuno con diamantes ó Titanic. Las jóvenes de hoy en día que, se criaron viendo cómo aparecían todos esos príncipes azules cada tarde mientras merendaban, parecen esperar que Jhon Quiuza aparezca con un radio-casete debajo de sus ventanas. Como si soñaran despertarse la mañana siguiente protagonizando una de esas películas de los 80.
Lo que no se dan cuenta es que los amores de película hoy, en día, solo duran dos horas y sólo valen para comer palomitas un miércoles cualquiera por la tarde.
Pero nosotros seguimos siendo tan estúpidos que cada vez que conocemos a alguien nuevo sentimos las mismas mariposas en el estomago, revolucionadas, haciéndote hacer y pensar millones de locuras... ¿y qué más da? Si total la vida esta para eso, para enamorarte, caerte y volverte a enamorar.
Reflexiones de una noche de verano para todos aquellos que se enamoran, caen y se vuelven a enamorar.
Att. Roncola! :)
